viernes, 7 de febrero de 2014

Te doy mi paz


                                                                                                 Javier Rosero Calderón



“En la montaña las flores
cultivaba el guerrillero,
y en los caminos sin minas
cantaba alegre el arriero.

Del otro lado cantaba
el soldado del gobierno;
él admiraba a las flores,
en verano y en invierno.

Cada uno de ellos portaba
en vez de fusil una flor;
su corazón florecía
entre la paz y el amor.

Eso  fue lo que soñé”,
contó  al abuelo su niña,
mientras regaba las flores
 que vivían en su campiña.

Con una dulce sonrisa
y con un beso en la frente,  
el viejito bonachón
acarició a la inocente.

“¡Qué lindo sueño tuviste!”
Le dijo mirando al cielo
“Yo pediré  al Creador
Para que cumplas tu anhelo.

Pero antes he de contarte
que esta villa  que habitamos
alguna vez sí nos vio
comportarnos como hermanos.

Recuerdo que allá en las lomas
Subían y bajaban mulas;
Cargaban  sueños y  vida
Do  suben y bajan balas.

Y es que la paz, niña mía,
del alma ha de florecer.
La paz empieza por casa;
Y así tú vas a crecer.

Mas como tú eres buena
Nuestro Dios  te ha de escuchar.
Por la paz y la hermandad

¡Nunca dejes de luchar!”.

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