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jueves, 16 de octubre de 2014

Guardiana de la semilla

                                               Hilda Inés Pardo
Tenía los ojos pintados de paisaje, una represa de tierra prometida en el pecho, los pasos tatuados en la memoria de los pies. El polvo de su palabra se dispersó en el hueco reloj del tiempo.
La llamaron de muchas maneras, algunas que conocían sólo sus sueños. El mundo estaba sumido en el silencio y cayó en la tentación de conocer las bocas sabias.
Había tocado el cuerpo del viento con el polen, en los trastos que arrastra su paso de gigante, una que otra palabra arrebatada a las lenguas ocultas. Ahora el cuerpo fluido traía una mano larga, un golpe de metal ardiente, un solo pinchazo a la memoria.

Niña de las nubes

Hilda Inés Pardo

  Liviana como el corcho, agua libre que corría por la calle y se detenía en el vértice de las golosinas. Iba diagonal a la sombra, en la misma dirección de la bala.
Su morada cerca de las estrellas y el olvido tenía las puertas abiertas al no regreso, si iba a las fronteras sin límite de otro mundo.
Conocía los secretos de su pequeño país, como la palma de su mano. Sabía de memoria las caras de los sentimientos y las grietas de las caminatas, escondidas en las esquinas.
Había aprendido la música de los muros, la melodía del silencio y las pisadas. Conocía la diferencia entre un pie de icopor y un ejército de caballos desbocados, o el repentino color de desierto de una algarabía.

Puerta de llanto

Hilda Inés Pardo



 He regresado con tu nombre en mis labios y tu recuerdo en el pecho. Aún estás atrapada en un callejón sin salida y tus alas son un retoño en mis manos.
Había una pared invisible entre tu encierro y mi libertad. Crecía tu descontento a la par de las reglas que atrapaban tu juventud. La distancia que marcaste con Julia fue definitiva.

¿Por qué no volviste?


 Hilda Inés Pardo



¿Qué te mostró la noche, en sus primeros sorbos, que te obligó a recluirte en el silencio?
Seguro le viste los pies de monstruo en tu camino de regreso o se quitó la máscara de invisible demonio para reír en tu cara lavada. Tal vez, con sus uñas afiladas de misterio y honduras, abrió la alta puerta del infinito. Adivinaste que la eternidad se parece al vacío del cielo nocturno.

martes, 14 de octubre de 2014

Estrella

Hilda Inés Pardo


Ahora que eres parte del recuerdo me devuelvo años atrás. Aquella tarde en que el azar nos aproximó, primero en un oscuro pasillo, mirando una lista y después buscando el mismo destino en la pared de un frío edificio.
Te conocí vestida de luto, porque era la primera pena que atracaba en tu joven corazón. Después seguirían otras y entonces estaríamos más lejos de nosotras mismas. Siempre te vi muy próxima a la puerta del otro mundo. Un cigarrillo tras otro bailaba en tus labios cuidadosos poniendo una cortina de humo a la vida.